Decir que el 2017 estuvo lleno de cambios es como decir que cada año anterior ha estado lleno de cambios, pareciera un burdo lugar común, simples palabras vacías que contradictoriamente no están llenas sino de verdad y es que, si bien los humanos no conocemos certeza alguna, una de las más aceptadas por el colectivo y en lo personal, por mí, es que todo cambia, todo fluye, panta rei (Πάντα ῥεῖ) postularía el filósofo presocrático Heráclito. Creo que podemos aprender mucho de la naturaleza, el agua, por ejemplo, nos da la gran lección del flujo: cuando ésta no fluye se estanca y entra en putrefacción, lo mismo sucede con los humanos, cuando no fluimos con nuestro entorno nos estancamos y entramos en un círculo vicioso cuyo hedor aleja a otros y nos daña.

Todo en nuestra vida es una decisión, si bien no somos responsables de la totalidad de aconteceres en nuestro paso por el mundo, sí somos responsables de la manera en que introyectamos esas vivencias. No quisiera sonar como un vacuo optimista, es sólo que considero que el mundo ya está muy lleno de tristeza y desencanto como para añadirle más. Este año ha sido para mí trémulo e intenso: la enfermedad de mi mamá (y mejor amiga) y su trascendencia a otro plano, mi egreso de la universidad, un accidente automovilístico portentoso, desamores, sensaciones nuevas y para cerrar el año, mi primer accidente en ocasionarme estar escribiendo una nota con la mano no dominante porque la derecha la tengo inmovilizada con una férula, entre otras tantas potentes experiencias. En fin, sólo puedo decir que no cambiaría ni una de ellas, ni siquiera la muerte de mi mamá que me ha hecho sentir un dolor que no conocía, pues cada una de ellas me ha hecho crecer y madurar, ser quien soy. Quizá de eso se trata la vida, de aprender a fluir y enriquecernos de todo lo que nos encontremos en el camino.

Este año, no sólo marcado por el alza de precios, los desastres naturales, los mandatarios xenófobos y la violencia, sino por la unión, la solidaridad, la derrota de la otredad y la sincera repartición de amor, está por claudicar y con ello nace un 2018 rebosante de oportunidades para mejorar en cada aspecto, para crecer y aún mejor: para lograr ser plenamente felices. Vale la pena intentarlo.

Este año estuvo lleno de cambios y el siguiente también lo estará. Les deseo un nutritivo y magnífico 2018.

 

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Por Luis A. Alto

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