Siempre lo he dicho. No importa lo largo y lo grueso, sino lo travieso y el tiempo que dure tieso.

Pero hoy no voy a hablar solo sobre el tamaño del pene. También a las mujeres nos toca. Si lo sabré yo.

A ver, bien rápido, la respuesta es SI. Pero sigan leyendo, que les voy a explicar algunas cosas.

Voy a empezar con lo más simple.

Girl, no nos vayamos a lo sublime y a lo racional. A todos y todas nos encanta a simple vista lo voluptuoso. A mi me encantan los hombres, los amo, pero saben que también las mujeres me vuelven loca.

Voy por la calle y si veo a una mujer que me atrae no pienso “Me encantaría que me platicara sobre que significa para ella la familia y como pasa la Navidad. Oh, que autónoma, que etérea e independiente se ve, quisiera velar por sus derechos laborales”. Yo solo quiero verle las chichis o quiero verle las nalgas. Punto. Si, las mujeres hacemos eso. Y la mujer que la ve con asco y la critica, está celosa

Nos atrae desde nuestro lado más animal. Nos gusta ver. ¿Eso nos hace malas personas?

Ese lado animal es una programación que tenemos de ancestros, incluso que no son de la misma especie. Nos dice “esa hembra tiene caderas anchas y puede llevar bien a mis crías. Esa hembra tiene mamas grandes, mi cría va a estar saludable” y también un “Ese macho hombros grandotes me protegerá a mi y a mis crías”

Ahora, por el lado de las pocas chichis, pues somos escorpionas. Nos defendemos con la cola. Y por supuesto que hay miles de gustos diferentes, como a los que les gustan los pies…

Y es que se ve bonito. Al final del día el cuerpo humano es maravilloso.

Pero ahora, para las personas a las que nos gustan los hombres, fuera de que cumplan con ciertas características que nos llaman la atención (sigo hablando físicamente), como el tipo de cuerpo, la estatura, el color de piel, no podemos verles el pene. Es una intriga voraz. No podemos llegar a braguetear a la gente, pero encontramos las maneras más absurdas para averiguarlo.

Pero sin afán de ofender el estilo de vida de nadie, entre más penes hayas conocido, menos te importa el tamaño. Hace años volví a salir con el dude que yo pensaba que tenía el pito más grande ever porque fue el primero que conocí y cuando volví a verlo fue “¿Por esto me moría?” y le pedí a mi mejor amiga que me hiciera llamada falsa de emergencia para huir.

¿Ustedes creen que sus abuelitas pensaban en el tamaño del pene de su marido? ¡Era el único que conocían en toda su vida! Si a duras penas sabían para que servía, o hasta miedo le tenían. Pero para ellas era lo máximo.

¿Por qué nosotros estamos tan obsesionados con ello?

Lo que te importa es que lo usen bien. Mujeres, hombres, personas que tienen practicas anales como receptivos, o que aman al pene, saben que el tamaño IMPORTA pero no lo es todo.

HEY, ¿Han pensado en las personas con discapacidad visual o con ceguera? O que, ¿No sienten, no se excitan, no cogen?

¿Creen que les importa si tienen un gato hidráulico para presumir como su valía viril? ¿O que tengan el mejor par de tetas?

O personas con parálisis, micropenes, vaginismo,  personas que están pasando por una transición sexual y de género, etc, etc, etc.

El placer viene en muchísimas más formas de las que nos enseñaron, solo hay que atrevernos a descubrirlas.

 

A ver Pupi, ¿Y cómo de cuánto andamos hablando?

-La longitud media de un pene erecto es de 13,12 centímetros.

-La longitud media de un pene flácido es de 9,16 centímetros.

-El perímetro medio de circunferencia de un pene erecto es de 11,66 centímetros.

-El perímetro medio de circunferencia de un pene flácido es de 9,31 centímetros.

Mientras que la vagina promedio tiene solo 7 centímetros de profundidad y el ano entre 15 y 20 centímetros.

Sin problema, ¿Verdad? Tons dejen de preocuparse por el tamaño y enfóquense en el desempeño.

Si estás leyendo esto es porque de alguna manera estás familiarizado con la tecnología. Y eso nos llevó a ser una sociedad con una cultura de la pornografía impresionante. Y yo la amo, gracias a ella hoy estoy aquí escribiéndoles. Para muchos de nosotros fue el primer acercamiento a la sexualidad.

Mi papá tenía kilos de revistas Playboy y Penthouse, películas, libros. Ahí fui creando mi propia imagen. Tal vez ustedes tenían primos, amigos, un hermano mayor, acceso a internet (Esa pregunta de “¿Eres mayor de 18 años? SI – NO” en las páginas porno es la mentira más grande que todos normalizado) y empezamos a medir nuestro valor con el de las personas en pantalla o papel. Y si no vieron porno, al menos crecieron con imágenes de los actores de moda, y pueden de alguna manera distinguir el estereotipo de quienes eran los buenos y quienes eran los “atractivos pero malvados”. La tentación de alguna manera siempre tiene ciertos rasgos físicos exagerados. En muchas formas al nosotros ir creciendo, tomamos modelos de lo que nos gustaría llegar a ser, y creo que nadie quiere ser del que siempre abusan.

Hasta se encargan de recalcar que el “malo” siempre era el más conquistador, el que tenía dinero y se valía de ello para salirse con la suya. Y podemos suponer que si mucha gente cae rendida a sus pies es porque en el sexo es magnífico, porque igual tiene un gran miembro y eso es igual a poder.

¿Qué tal que tiene tantas conquistas porque no vuelve a ver a la anterior porque sabe que fue un fraude en el sexo?

También aplica para las mujeres, que uno ve a una muy voluptuosa y piensa que es una cerda en la cama pero resultan ser esas niñas que se abren como estrella de mar y dejan que la otra persona haga todo.

MENTIR PARA CONVIVIR

 

Culturalmente los hombres crecen con la presión de ser el proveedor de TODO. Del alimento, de la fortaleza, de la sabiduría y hasta del placer. Y últimamente la presión de ni siquiera respirar cerca de una mujer porque ya es una ofensa.

¿Es mucho, no?

Y luego andar limitando o comparando todo lo que pueden llegar a ser, con el tamaño del pene.

Más que enseñarles el DEBER SER, hay que SABER CÓMO.

Conozco papás muy cool que son abiertos con sus hijos, pero no tanto como para decirles “Mijo, lávese bien, use condón, bese mucho, no se atasque. Si le va a comer el chocho, no lengüetee como perro tomando agua, mire de arriba abajo, como un heladito, y si le mete dos o tres dedos igual va a hacer magia. No como si fuera Guitar Hero. Si usted termina primero, tenga la cortesía de volverlo a intentar o de hacer algo por la otra persona”

Pero bueno, esas charlas incómodas las puedo tener yo con sus hijos, para eso estoy.

Y nosotras las mujeres estamos programadas para siempre sonreír, aguantarnos, y mentirles para no hacerlos sentir mal, ya que no conocemos algo más frágil que el ego de un hombre.

Realmente lo hacemos porque no queremos que se sientan presionados, que se sientan nerviosos y que sea el tamaño que sea, pasarla bonito. No todo es su responsabilidad. ¿Creen que lo hacemos por culeras? Quienes se arriesgan a pasarla mal al final del día somos nosotras, y hey, por estar con ustedes, sin pedos.

Les he preguntado a mis amigos de la comunidad LGBT, y me cuentan que casi es igual. Se aguantan, y pero de alguna manera al ambos tener el mismo órgano sexual, saben como complacer al otro. Y las mujeres con las que yo he estado sexualmente involucrada me enseñaron todo lo que necesitaba sobre sentirme deseada y satisfecha en cada uno de mis sentidos. Aún sin tener “nada adentro”. Es lo mejor de los dos mundos.

Un hombre herido en eso que tanto les duele pero no lo admiten, es peligroso.

Como ejemplo les pongo a mi asesino serial favorito. Andrei Chikatilo, “el carnicero de Rostov”. Si bien su historia desde la infancia volvería loco a cualquiera, la constante burla de sus poquísimas parejas sexuales por el tamaño de su pene o por su incapacidad de mantener una erección lo llevó a cometer asalto sexual, asesinato y mutilación de como mínimo 52 mujeres y niños.

La escena del primer día de su juicio es recordada en los anales de la historia (Je je je) pues ante las cámaras se devistió, sacó su pene y gritó “Fíjense que inutilidad. ¿Qué piensan que iba a hacer con esto?”

Y al revés, cuando es legit, ¿Qué pedo? ¿Por qué no nos creen?

Yo no he visto un pene más perfecto que el de querido “B”.  Le digo, mínimo 9843894 veces al mes “Mira, eres una excelente persona, el más brillante, el mejor amigo, el mejor hijo, hermano, excelente profesionista, el mejor en el-deporte-que -practica, bondadoso, confiable, eres la persona más maravillosa, eres divertido, eres perfecto, te aprecio, te admiro, pero tienes el pito más hermoso y grande del mundo y a veces mientras hablas solo puedo pensar en que te quiero saltar encima”. Y no me cree. Y siempre dice cosas feas sobre su ‘Monsieur’.

Y de ahí nació mi duda.

¿Por qué les importa tanto? Real. ¿Quién les hizo tanto daño?

ES QUE TE MUEVES BIEN RICO.

Dejen ustedes lo pito chico. No nos importa eso. Pero si es un Coge quedito – Viene pronto, o que coge como delfín con epilepsia.  Rápido, rápido, porque eso es lo que hace un Penetreitor ¿No? O nosotras debemos saltarle encima al dude como changa entachada en celo. O dejar que el otro haga todo.

Eso es lo malo de las mentiras piadosas. Cuando eres condescendiente con alguien que coge mal y te aguantas y le dices “Ay, ¡Me encantó!”, se la creen y quien se friega es el otro.

Hay días en los que sabes que tu pareja está cansada. Que tal vez ha dormido mal, ha comido muy poco, incluso está pensando mil cosas que lo angustian, como el trabajo, su misma familia, su percepción sobre si mismo, su sueldo, LO QUE SEA. Ahí ya nuestra madurez nos dirá si podemos entenderlos, o si vamos a obligarlos a tener relaciones sexuales con nosotros o si vamos a tomárnoslo a personal.

Si, claro que es el mejor desestrés.

Pero si no funciona, no funciona y ya. Entre más presión le pongas, peor. Coger sin ganas o porque el otro luego nos puede armar drama, es mucho peor.

Yo como pocas chichis que soy, estoy en desventaja “a primera vista”, lo que en vez de acomplejarme, me ha hecho desarrollar otras cosas. La sexualidad no es únicamente lo físico. El erotismo y el enganche mental es mucho más poderoso. Y he escuchado el “es que te mueves bien rico” “Es que nunca me había pasado antes” a los dos minutos de empezar más veces de lo que me gustaría.

Todo este tema me llevó a reunirme con diversas personas para conocer su punto de vista, ya que en verdad me frustra y me intriga.

La conclusión es que estamos acostumbrándonos al sexo mediocre.

Se nos dio el cuerpo para sentir, y cada quien encuentra su manera muy personal de encontrar placer.

A veces quiero tener pene. Quisiera que fuera tan fácil para mi tener un orgasmo con alguien y que solo se preocuparan por mi placer. Yo soy feliz porque pues tengo un amigo de pilas con el que me ocupo de mi misma.

Pero no le quita la frustración a que invertimos mucho tiempo y esfuerzo en complacerlos, eso es mucha verdad. Si de un besito se pasan corriendo a bajarte los calzones, ya nos quitaron toda la emoción y se saltaron como mil pasos en la escala de la respuesta sexual femenina. Nos tenemos que calentar en 10 segundos como una cafetera y de ahí enfocarnos en el orgasmo del otro. Y después están tan cansados y apendejados que nomás se olvidan de la otra persona, que por unos segundos siente la felicidad máxima por haber logrado hacer sentir bien al otro y la frustración disfrazada de sonrisita y “Todo está bien”. Nunca se sabe cuanto tiempo  y recursos invirtió el otro en verse bien para la ocasión, si tiene algún miedo o límite que decida enfrentar en ese momento, y todo lo que significa más allá de lo físico.

Están los que saben que la cagaron, y no hacen nada. Pero la peor especie, los que dicen “Es que te mueves bien rico” “Es que me gustas mucho” “Es que ya la traía atrasada”. Bueno, si tanto lo deseaban y  tanto les gusta,  ¡DEMUÉSTRENLO!

¿Ven como el tamaño no importa? Tienen manos, boca, pies, lo que sea. No se congelen, QUE NOS HACEN SENTIR PEOR.

Y las mujeres tampoco se quedan atrás.  Creemos que no hay un medio entre el “Me abro de patas, hazlo todo tú” al “Violentamente voraz pues necesito arrancarte el pito” o decir que no a todo, rechazarlos, condicionar con sexo. Por eso les digo, nos vamos a acostumbrar al sexo mediocre si seguimos dejándolo todo al cuerpo.

Traemos todos ese equipaje de expectativas y de experiencias en la sexualidad, y cuando nos presentamos ante el otro, esa persona igual trae lo suyo. Ya sean años, o las primeras veces, un experto, o alguien con miedo, pero nos aventamos como somos en uno de los actos más íntimos y personales (no estoy hablando de amor ni nada, ustedes entienden). Y por fortuna, la única manera de sincronizarnos y mejorar es seguir practicando. En ese momento, y si es algo que desean que pase de nuevo no importando el tipo de relación que tengan, los dos están creando su propia historia, de cero. Poco a poco se disfruta mejor, pero cuando la química es una bomba de inmediato, ahí apláudanse.

Y recuerden, a la larga uno se acostumbra. A la corta también. Pero a estar malcogido, no creo.

¿Por qué no se dan un encerrón?

Saludos cordiales.

Pupi.

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