Imagínense que roban un banco, salen corriendo y se suben a primer coche que encuentran. No importa si es un coche destartalado y sucio, o si es un vehículo eléctrico. Tampoco sabemos si también es robado o si la persona que está manejando es de confianza. Lo importante es huir.

Ahora, ¿Por qué robaríamos un banco? ¿Por necesidad? ¿Por avaricia? ¿Por desesperación?

Cambiemos el concepto del banco a una relación de pareja o un vínculo sexo afectivo. ¿Por qué queremos? ¿Para qué la queremos? Y ¿Desde qué plataforma vamos a expresar nuestros deseos?

“Ay, porque es bien bonito tener alguien a quien querer, consentir, alguien para dedicarle canciones, enamorarse, darle regalitos, todas esas cosas” … Y si tienes esa energía y disposición para darle todo a alguien más, ¿Por qué no te lo das a ti?

“Quiero a alguien que me lleve a comer, a fiestas, que me presuma, alguien con quien viajar, que sea mío y que quiera que sea solamente suya”. O sea que te caes tan mal que no te gusta estar sola, quieres un cajero automático que te saque a pasear como perro. Si andar soltero es bien chido, o hacer tus cosas solito. Se consiguen mejores boletos cuando vas solo y hasta en Disney te subes más rápido a los juegos en vez de cargar con la pandilla.

“Es que ya me harté de dormir solito, como que si hace falta alguien para no sentirme así de abandonado”, mijo, usted no quiere una pareja, quiere un cobertor de tigre de Bengala que además le sirva de porrista.

“Se extraña, ¿No? La caricia, el sin respeto…”, hay juguetes sexuales increíbles, que se preocupan únicamente en complacerte, no duran 5  minutos y no te hacen sentir de la verga cuando abren la boca.

Escapar en un coche destartalado que nos ayude a cumplir la que pensamos que es nuestra meta, es lo mismo que agarrar lo primero que encontramos en el mundo del amor. Aún sabiendo que no nos hace sentir plenos.

Es un deseo en absoluto saludable para distraernos con algo que promete ‘resolver todos nuestros problemas’, mientras seguimos atrapados en los mismos patrones tóxicos.

Tener pareja no es obligatorio.

En mi época menos etérea e inalcanzable, me costó chingos de relaciones de clavos sacando otro clavo, solo para quitarme un dolor mío que cargaba de años. Validación. Autoestima de Tablaroca.

Vomité por años porque el chico que me gustaba era un fuckboi que me quitó la virginidad y me dejó por otra al día siguiente. Era perfecta para él, pero “estaba gordita” y me trató como trapo por años, porque me quedé fijada a mis quince años en lo que alguien que estaba igual de vacío que yo me impuso. No tuve la fuerza para ver lo que si tenía y me esforcé para demostrarle que valía.

Jijos mano, siempre lo supo. Yo era la que no entendía que el olor más fuerte del mundo es la desesperación, y sin importar quién seas, si sales al mundo con el estandarte de “Estoy en rebaja, regatea, a meses sin intereses, al chaz chaz pero ya cómprame a mí”, puedes tenerlo todo y no saberlo.

Y NO HAY NADA PEOR QUE DARLE LA OPORTUNIDAD A UN FEO Y QUE TE TRATE COMO SI TU FUERAS LA FEA. La gente que se marea en tabiques no son más que nosotros, pero se aprovechan de que estamos de tapetes adorándolos.

Muchas de mis parejas eventuales elevaron mi ego cuando “corregí” todo eso que tanto me criticaron y no tuve fuerza para saber que los insultos son proyecciones de los demás y que quienes necesitaban amor eran ellos. Pobrecitos. Pero igual eran halagos basados en una realidad que no era yo, pero se esperaba que cumpliera con ese papel de niña bonita.

Le puse el cuerno a mis novios porque entre más personas me desearan y me invitaran a huir de mis traumas, aunque fuera en un coche destartalado, significaba que era real. ¿Pero hasta cuando iba a estar satisfecha?

Me salió mucho más caro, porque al final del día, era una astilla psicológica que, en vez de sacar y curar, aunque me doliera, la escondía tanto que se infectaba.

Cuando volví a ver al wey del que estaba fijada, él era el que estaba “diferente”. Me idolatraba, me contaba sus secretos, lloraba conmigo y pedía ayuda. E igual, me volvió a dejar por otra. Ahí entendí que el pedo no era ese cabrón. Era yo.

Entre más trataba de encajar en un molde que dejé que me impusieran como el “correcto”, sin cuestionar y solo por evitar los madrazos que me metí en mis años formativos, más me dañaba a mí. ¿Eso era lo que realmente quería? ¿Y si me arriesgaba a hacer mi propio camino, hecho a la medida?

Y me costó años de trabajo terapéutico, de cagarla, de tener miedo de hablar porque no quería que se fueran de mi lado, de tragar mierda y sonreír, de tener miedo de decirle el nombre de la persona con la que realmente quería estar en voz alta a mi ligue del momento, sentirme la más perra dos semanas y caer en mis patrones viejos cuando Voldemort aparecía.

Hasta que empecé a ser generosa conmigo, a perdonarme, a agradecer incluso todo ello que no pudo ser. A conocerme de nuevo, a sentirme cómoda viviendo conmigo 24 horas al día y ser mi propia mejor amiga. A hacer exámenes de consciencia, aunque me ardiera el culo y reconocer mis sombras. Coserlas a mi como Peter Pan y aceptar que son parte de mí, y nadie más que yo, puedo juzgarlas o arreglarlas.

También admirar la mujer que fui, y la que soy. Porque ese es mi súper poder, nadie más puede ser yo y no estoy compitiendo con nadie, la verdad, mijos, no me ando fijando en otras personas porque, aunque no me caigan bien o quieran dañarme, por humanidad, sé que, como yo, tienen sus propias batallas personales.

Yo soy mi propio príncipe azul, mi propio caballero de la noche, mi propio hombre ricachón.

Soy todas las cosas que creía que necesitaba de otras personas.

Las parejas que elegía para escapar eran un reflejo de lo que me faltaba a mi y quería ser, o los huecos (guiño guiño) que quería llenar de mi misma.

Mi pareja NUNCA SERÁ TODO PARA MI. Es una galleta de la fortuna es en teoría, mi compañer@ de aventuras y mi par. Alguien que gobierna conmigo, trayendo a la mesa la misma calidad y cantidad que yo ofrezco.

No es alguien que me “complementa”, porque significaría que yo misma no puedo cuidarme.

El coche en el que me suba es mío, y yo decido quién será la persona que ponga la música en el camino o me pase los snacks.

TENEMOS QUE VALORARNOS, saber quienes somos, aplaudir y agradecer lo que tenemos en vez de fijarnos en eso que carecemos.

Al reconocer nuestros coches de escape emocionales y al minimizar los pensamientos que usamos para el autosabotaje, estamos un paso más cerca de crear y trabajar de manera saludable en proyectos que importan.

No importa si seguimos este camino a pie. Estar solo no significa que estamos desolados, y llegará un punto en el que nos amemos tanto, que no vamos a necesitar a nadie más.

Al final del día, la persona con la que duermes, convives, a la que ves cuando te lavas los dientes, y a quien debes cuidar como lo que es, lo más precioso de este planeta, eres tú mismo.

Enamorarse y coquetear, como proceso bioquímico, es divertido. Pero ante la duda, piensa si aguantarías 3 horas de fila en Disney con esa persona. O CONTIGO.

Nos leemos pronto.

¡Hey no te vayas! También te puede interesar leer: Di sí al consentimiento. 

Twitter: @GEN_Magazine 

Sobre El Autor

Godinette pura sangre de día. Sexóloga todo el tiempo.

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