Desde chiquita me atascaron de información alarmista sobre sexualidad. Me repitieron como disco rayado que no permitiera que nadie tocara mi cuerpo sin mi consentimiento, no hablar con desconocidos, no tocarme  a mi misma pues las niñas buenas no andan de cochinas y  la advertencia de que tener sexo solo podía llevarme a enfermarme mortalmente o embarazarme y arruinar mis grandes planes pero que igual el tener relaciones sexuales únicamente significaba “un acto de amor”.

Pero jamás me prepararon para llorar a las 3 am por alguien. 

Jamás me enseñaron a manejar la confusión de un “ontas?”, a saber si debía o no decirle a alguien que lo quiero, como demostrarle a alguien más frío que un tótem que es importante para mi sin que salga huyendo o como lidiar con que me dejaran de hablar después de cogerme hasta por las orejas ni a como entrar a un hotel de paso caminando.  En ningún libro, documental, postulado, o charla de orientación vocacional me dijeron que la mejor cura para un corazón rotito era Jack Daniels, Tylenol y Fluoxetina. (Repetir hasta que no se sienta nada)

La razón principal por la que decidí ser sexóloga fue el que las personas se apropien de su sexualidad por completo, la disfruten, la vivan a plenitud y sean responsables. Mi misión como psicóloga es ayudar a los demás a hacer de la felicidad un hábito.

Mis papás no me tuvieron por ósmosis, y nunca se sentaron conmigo a tener “la plática”. Cuando empecé a menstruar me enteré de todo lo que tenía que saber gracias a los libros y no tuve problemas con eso, pero hay cosas que quisiera que me hubieran dicho, sin pelos en la lengua. Si pudiera hablar con mi yo de 13 años, o si en un inesperado cambio de planes tuviera los 3 hijos con los que de vez en cuando sueño despierta (Bruno, Elver y Luigi) querría implantares todo el conocimiento sin el dolor, como en Matrix.

Me enseñaron desde secundaria a poner un condón, a revisar su fecha de caducidad, a comprobar que el empaque estuviera en perfectas condiciones, a abrir el empaque, y como debe retirarse, así como medidas preventivas en caso de que se rompiera. Aprendí solita a preguntar el precio, a decidir si prefería que me atendiera una mujer o un hombre en la farmacia o si pedirlos en el Oxxo. No tengo pene pero siento un placer indescriptible de comprar condones Prudence. Y con paciencia aprendí a poner los condones con la boca aunque terminara oliendo a payasito globero.

Lo que no me enseñaron es como “negociar” de manera asertiva el uso del preservativo. “¿Pues cuántos somos?” “¿Qué, no confías en mi?” “Yo nomás cojo con gente que está sana” porque “con condón no se siente igual”. Ni que hay hombres que se lo quitan sin que te des cuenta. Y que por el orto no hay aborto, pero que sin globito no hay fiesta. Las personas que tienen  VIH en México ascienden a 230 mil según cifras del 2017, entre ellas 21.7% son mujeres. Además, 8 de cada 10 personas que tienen intimidad sin preservativos la portan y su argumento es que tienen pareja estable. No girl.

Mi tía más querida, quien me crió y a quien le debo la mitad de quien soy el día de hoy, es el ejemplo que mis papás me pusieron cada vez que les decía “me gusta este niño”. “Recuerda que tu tía lo tuvo todo: educación privada, viajes, dinero, y por enamorarse arruinó su vida, mira si quieres acabar como ella”. Y pues NO. Claro que creo en el amor y la vida en  pareja, en ese amor que te impulsa, que te hace sentir invencible, en el que sabes que estás en casa y con tu persona favorita por lo que tratas de ser tu mejor versión por ti misma y compartirlo a alguien que te complementa, esa vida en pareja en la que sabes que habrán momentos en los que hay que chambear y ponerse los guantes amarillos y paliacate de negrita para entre los dos arreglar los desmadres y sacar algunos cadáveres del clóset, que habrá vacas flacas, que ser pareja es hacer equipo y no es un trabajo más, sino tu apoyo. Y puede que lo hagas no solo con una persona, y que creas que solamente lo vas a vivir una vez. Incluso con hijos de por medio.

Mis papás llevan juntos más de 30 años en unión libre y creo que la última vez que cogieron fue cuando me concibieron. Jamás los he visto dándose siquiera un beso y luego llega gente al consultorio a decirme que su relación pende de un hilo pues tienen sexo solamente dos veces a la semana.  Y es por ello que creo en la libertad y en el compromiso, que los celos se me hacen un sentimiento inútil y que es mejor tener ganas de despabilarse para gustarse a uno mismo y hacer su lucha con el objeto de nuestro afecto a hacerse la víctima y enaltecer nuestras inseguridades. Pero también sé que el sexo es un factor importantísimo para saber si una relación  a largo plazo va a funcionar. Al menos para mi, es básico.

Aprendí a no esperar al amor de mi vida y a amar con todo mi ser en cada oportunidad que considero importante más allá de su género o de su apariencia. Uno de mis grandes amores es una mujer y me encantan las mujeres tanto como al hombre que más amo. Prefiero que la gente tenga la certeza de que los quise, aunque se soplen mis speeches de amor de 4 horas a que la incapacidad de expresar lo que siento aleje a quien me es importante. Y que la primera vez no es la gran cosa. Es una anécdota, pero toda la solemnidad que le damos solo nos crea falsas expectativas.

A que uno nunca sabe cuando es la última vez que va a coger con alguien y a perdonar también los errores propios. Que planear no siempre es lo mejor y mucho menos tener expectativas, aunque muchas veces nuestras fantasías más locas se cumplen con creces. Pero también es válido dar segundas oportunidades. Que no está mal decir que no te gustó, aunque eso te valga un portazo en la cara. Esa delgada línea entre ser honesto con uno mismo o mentir por no hacer sentir mal al otro es cruel pero justa.

Quisiera decirle a mi Pupi de 15 años que aprenda a decir “NO” más fuerte y a perdonarla por las veces que no pudo ni siquiera articular una palabra por el miedo, incluso el miedo al que dirán. A hacerle caso a esa punzada en el estómago que dice “No, no, no lo hagas, vete de aquí”, a no quedar bien con nadie más que con ella misma. No importa si ya pagó la cena, si le endulzó el oído, si le prometió todo el mundo entero, si ya no quiero, y si en verdad me quiere, debe respetar eso. Aunque nos tachen de apretados.

Y que nos hubieran enseñado a disfrutar nuestro cuerpo, como es. No por admirar la belleza de otros, hacer menos la nuestra. A no compararnos, a ser más generosos con nosotros y a cuidarnos. A conocerlo, a no lastimarlo a lo tonto. A saber como masturbarnos, a permitirle sentir placer y cariñitos. No le tengan miedo a un pene no circunciso, aprendan a tocar un clítoris de verdad, no como si fueran un DJ en coca.

A no ser patanes ni hijas de la fregada. A cuidarnos y cuidar al otro, a respetar, a no exhibir, no compartir la intimidad del otro sin su consentimiento, a no asumir y a no presionar. Mucho menos a la porno venganza. Y que hacer si uno está en una situación así.

Y también las cosas chidas. No quiero saber que únicamente el sexo es igual a bebés o a infecciones horripilantes. Que nos enseñen a coger, que nos enseñen a aprovechar nuestros años más flexibles para los años más calientes. ¿Científicamente cual es la mejor posición? En 4, de perrito, todos ganan. Que el misionero con besos y alguien que te encanta es una imagen que difícilmente se puede superar y te ayuda a distraerte en las juntas aburridas. Que el sexo anal duele menos si se empieza de cucharita, que las Halls plateadas para el sexo oral son la gloria. Que los hoteles de paso son una maravilla pero que es un hobby caro y que no hay que esperar que el otro pague todo. Vivir solo es increíble, pero nada le quita la alegría a olvidarse de todo por unas horas con alguien que te sabe aprovechar. Que quien come callado come más y mejor, que los secretos son excitantes y si es algo prohibido es mucho mejor. Que el sexo con risas es el más placentero, pero sobretodo, que lo mejor del sexo es que entre más practiques, más rico te sale. Es cuestión de abrirse a las experiencias.

Qué las ex novias siempre ganan la batalla (todas menos una misma). A veces por hueva, a veces por mediocridad-  comodidad y unas veces también porque el amor era real pero el timing no era el correcto. Y que por más que nos protejamos, a veces será inevitable ver a las personas siguiendo su vida, con otras personas. Y no es porque nosotros no seamos maravillosos. Hay que verlo como que tenemos millones de oportunidades más.

Que es difícil ser monógamo, que la fidelidad y la lealtad son muy diferentes, que a las mujeres nos encanta coger también y que es horrible que nos rechacen o que duren 2 minutos y nos dejen con ganas. Que si alguien no quiere estar contigo, hay que concentrarse en el que sigue y en el que sigue y en disfrutar hasta el fracaso, a coger mucho, pero coger rico, como si fuera la última vez en la vida y como si fuera la persona que más amaras en ella. Que coger por desamor está bien,  que es mejor decir  “me he chingado peores” a “me l@ hubiera cogido”. A olvidarnos de los juicios. A estar abiertos a aprender.

Como diría mi Sensei, no hay una regla básica que aplique para todos, el sexo y el amor son como el Project Management, hay que aprender las prácticas más interesantes, hay que saber nuestro propio estilo y explotarlo. El placer está en nuestras manos y el orgasmo es de quien lo trabaja.

A separar el sexo del amor. No siempre vienen de la mano. Dar sexo no te va a dar amor. El sexo es divertido, el sexo es un arma. El sexo es maravilloso  y el sexo esclaviza. Pero no podemos dejar de hacerlo.

El amor tiene distintas formas, y aprendí que más allá de formalizar algo y hacerlo “Disney”, la belleza del amor está en darlo, sin medida, sin esperar nada a cambio. Ese es el punto, creo yo. Que nuestra presencia en la vida de alguien más le haga bien y lo dejemos mejor que cuando lo encontramos por primera vez.

La receta del amor, el amor verdadero, no se acaba. Está en uno mismo, y el chiste es compartirlo. Es inagotable. No importa cuantos putazos te metas a la semana. Pero también hay que quererse a uno mismo antes que a nadie más. Y eso y perdonarse son las cosas más difíciles. Pero también el permitir a los otros asumir su responsabilidad y entender que no todo es nuestra culpa, es liberador y saludable.

Y que así como yo tengo estas lecciones para mi misma, todos tienen una historia diferente y una manera distinta de vivir su sexualidad. Y así nos encontramos y nos compartimos, directo al ruedo. Nadie tiene la verdad absoluta. Por eso nada está escrito, y nuestro pasado no nos debería condenar. Pero hay versiones de la vida y del amor como personas hay, y tal vez el día de hoy más que una reflexión súper profunda, logre un poco de empatía de ustedes hacia los demás.

Y aunque el tiempo no regresa, solo tenemos este momento para vivir diferente si así lo queremos.  La vida no espera, no es la dieta que empiezas el lunes, no es el propósito que se deja hasta Año Nuevo.  ¿Cuánto tiempo más vamos a desperdiciar viviendo en automático? Igual si ya no tienen fuerzas para intentar, es válido. El punto es que la decisión es nuestra y aún no es tarde.

Gracias, a los hombres de mi vida, a las mujeres que amo, a los que se fueron y a quienes me buscan hasta abajo de las piedras cuando más los necesito.

Nos leemos pronto.

 

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