Este mes de junio, en Gen Magazine nos unimos con mucho cariño a la celebración de la diversidad.

Con todo respeto y amor queremos dedicar este mes a darle la visibilidad que merece la comunidad LGBTTTIQ. Lésbico – Gay—Bisexual – Transgénero – Transexual – Travesti – Intersexual – Queer, a las personas asexuales y a quienes viven su vida y sus afectos sin definiciones.

El amor y la felicidad no tienen etiquetas. Es tiempo de reconocernos.

Las diversas expresiones comportamentales de la sexualidad y preferencias genéricas han existido desde los inicios de la humanidad. Sólo hasta que un grupo de personas con poder o alta jerarquía decidieron lo que se conoce como “normal” es que empezamos a segregarnos y a esconder nuestros gustos.

En nuestro querido México Mágico, es un poco difícil conseguir escritos precolombinos de los cuales podamos conocer la vida de nuestros antepasados, ya que han sido traducidos por colonizadores católicos, sin embargo, existen reliquias de la cultura totonaca (que abarcó principalmente el estado de Veracruz, el norte de Puebla y regiones costeras) de figuras de barro representando a hombres teniendo sexo con otros hombres. Había grupos que utilizaban el travestismo en rituales chamánicos en la región de Tenochtitlán. Si bien en la cultura azteca estas prácticas entre personas del mismo sexo no eran bien vistas, no existen registros que hablen de represalias o de querer eliminarlas hasta la época de la conquista.

De lo que si existe registro es de los castigos que ejercieron los españoles al llegar a territorio americano en contra de las prácticas homosexuales.

El 5 de octubre de 1513 en la región que hoy es Panamá, Vasco Núñez de Balboa ordenó la ejecución de varios indios que practicaban la sodomía y usaban ropa de mujer.

En México, Hernán Cortés y los misioneros relataban que las personas que estaban en contra de las imposiciones eran sodomitas “Tenían por pecado de muy gran abominación la sodomía, los que lo eran morían por ello, y eran aborrecidos por ello y tenidos en poco”.

Durante la época de la Conquista y la Colonia, se quiso nivelar el esquema moral de los españoles y los conquistados, por lo que su visión sobre las prácticas mal vistas por la iglesia, incluido el repudio a la homosexualidad fueron impuestos en el territorio nacional. Un gran logro fue mantener intacta la cultura zapoteca Muxhe del Istmo de Tehuantepec. Los Muxhes son hombres educados desde pequeños a comportarse como mujeres en la edad adulta con consentimiento y aceptación de su familia y su comunidad.

En otras regiones, la realidad era muy diferente para cualquiera que quisiera desafiar la honorabilidad del matrimonio heterosexual católico. Los anticonceptivos, las prácticas recreativas, la lujuria y el exceso sexual eran motivo de castigos o multas ejemplares y en el caso de la homosexualidad, un pase seguro a la hoguera.

En la Independencia desaparecieron los castigos, pero el yugo de la religión logró meter cizaña en contra de lo diferente. De hecho, en ningún código penal heredado ni los siguientes aprobados por el gobierno federal se hace referencia a los actos sexuales consensuales entre personas adultas del mismo sexo realizadas en privado. Existían sanciones si se atentaba en contra de la heterosexualidad hegemónica y eran tipificadas como “faltas a la moral y a las buenas costumbres” porque pensaban que si mencionaban la existencia del “vicio” (la homosexualidad), eso haría que quisieran practicarlo. O sea, si no existía en papel, no pasaba.

En el año de 1901 un suceso conocido como “El Baile de los 41” dio inicio al reconocimiento de la homosexualidad en México. Esto fue una fiesta en la calle de Ezequiel Montes en Ciudad de México en la cual ante el gran volumen de carruajes y personas asistentes llamó la atención de la policía. Al llegar a inspeccionar el lugar, se dieron cuenta que en esa fiesta solo había hombres y varios estaban vestidos como mujer. Se hizo una redada en la que detuvieron a 41 personas, y cómo no existía delito que perseguir, solo se les dio la orden de barrer las calles cercanas a la comisaría. Pero como en esa fiesta había personas de diferentes estratos socioeconómicos, se eligieron a 19 personas que no contaban con recursos para poder defenderse y fueron enviados a Yucatán a manera de “ejemplo” para la persecución de tan inmorales actos. Los mandaban a formar parte de las fuerzas armadas para volverlos “hombrecitos”, aunque la opinión pública decía que no era suficiente “rapar, exiliar y remitir a los homoeróticos” y a las personas que caían en las exigencias del deseo.

Por el año de 1920 aunque se redoblaron los esfuerzos por perseguir y censurar las preferencias genéricas distintas, existían lugares de ligue en la Alameda Central, ya proliferaban guetos de homosexuales adinerados que se escondían de la represión. Vivían en la clandestinidad, pues, aunque tenían recursos y estatus alto, no se libraban del escarnio público y eran expulsados de sus familias. Muchos de ellos sobresalieron en la literatura, en el cine, en la política y volvieron un tanto elitista el estilo de vida homosexual.

Aunque esto hacía que más personas pudieran expresar su preferencia, si no eran ricos, el acoso y las represalias fueran aún más graves.

Para la época de los 60’s junto a los grandes movimientos sociales en el mundo y los avances en México como el otorgar voz y voto a las mujeres, ayudaron a que la lucha por los derechos de los homosexuales.

Nancy Cárdenas Martínez fue fundadora del Frente de Liberación Homosexual el 15 de agosto de 1971. En este frente se empezaron a discutir las tribulaciones que vivían las personas con preferencias genéricas homosexuales, hombres y mujeres. Se manifestaron públicamente en contra de la compañía Sears por despedir a un empleado que era abiertamente homosexual.

Nancy fue la primera persona en México que habló públicamente en medios sobre todo el acoso que vivía la comunidad homosexual y defendió los derechos humanos y laborales de ellos en el programa “24 horas con Jacobo Zabludovsky”.

Al contar con un doctorado en Letras con especialidad en Arte Dramático por parte de la UNAM, montó la primera obra de teatro gay en México: “Los chicos de la banda” que por supuesto les pisó los callos a los conservadores. Para 1975 logró dar visibilidad al tema lésbico junto a un grupo de mujeres lesbianas en la primera conferencia mundial de la mujer celebrada en México.

Carlos Monsiváis, Luis González de Alba, Juan Jacobo Hernández y Yan María Castro fueron otros grandes nombres en el inicio de el movimiento de liberación homosexual en México.

Nacieron otros grupos como SexPol, el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, Lambda (la letra griega fue usada en el mundo como emblema por representar el potencial kinésico) y Oikabeth (que significa “mujeres guerreras que abren paso derramando flores” en náhuatl) entre otras.

Todavía para el año de 1978 aún la identidad trans no se consolidaba y el movimiento abarcaba únicamente a gays y lesbianas.

La primera marcha del orgullo homosexual se llevó a cabo en junio de 1979 y aunque la policía metió su cuchara para desviarlos de Paseo de la Reforma hacia Lerma (una humilde cuadra, pero bueno) puesto que la gente estaba en contra de esta manifestación, lograron en 1980 ganarse el derecho a que las 10,000 personas asistentes marcharan por Reforma. En Guadalajara, la primera marcha del orgullo gay se dio el 26 de junio de 1982 y así se fueron sumando varias ciudades, poco a poco.

Con el arribo de la epidemia del SIDA, puede decirse que aquellos logros que se habían alcanzado fueron empañados por que se relacionaba directamente esta enfermedad a las prácticas sexuales de la población homosexual. Un estigma que se sigue cargando aún en 2020.

Se decía que las enfermedades eran derivadas de las perversiones homosexuales, se denominaban castigos de Dios por desafiar las leyes de la naturaleza, selección natural, todos esos discursos ignorantes que expían de responsabilidad sexo – afectiva a todos por igual. El movimiento también se debilitó por que los políticos quisieron su tajada dentro de los grupos creados, lo que logró que unos se desvanecieran por completo, o infiltrados lograran sabotear los planes para propagar mejor un discurso homofóbico.

En 1999 la marcha del orgullo lésbico, gay, bisexual y transgenérico llegó hasta el zócalo de la Ciudad de México por primera vez, dando como resultado por ejemplo la inclusión de otras comunidades como parte del colectivo que merece toda visibilidad y respeto, generando cambios sociales como el acceso público a antirretrovirales para personas con VIH, el foro de diversidad sexual y derechos humanos, el primero de su tipo en América Latina lo que derivó en que el código penal del Distrito Federal penalizara la discriminación por motivo de la orientación sexual.

En 2006 el boom fue la aprobación de la Ley de sociedades de convivencia del Distrito Federal en la cual, aunque aún con sus reservas y restricciones como el no modificar el estado civil de los contrayentes, permitía las uniones civiles de personas del mismo sexo. Jalones y estirones se han dado a lo largo de los años. Que si, que no, que el fin del matrimonio es procrear, que no se puede adoptar, que la chingada. La sociedad, la política e incluso el mismo movimiento LGBTTTIQ se ha dividido con respecto al tema del matrimonio igualitario.

Hoy no entraré en esa discusión, hoy solo les dejaré el dato de que el 17 de mayo de 2026 el presidente Enrique Peña Nieto presentó una iniciativa para modificar el artículo 4° de la Constitución Política de los Estados Unidos y reconocer como un derecho humano el que cualquier persona pudiera contraer matrimonio sin ser discriminada.

Igual, con pasitos de bebé, el 13 de marzo de 2004 la Ciudad de México empezó con las modificaciones que permitían el cambio legal de identidad de género. Digo pasitos de bebé pues si bien existía la posibilidad, meh, seguían pidiendo pruebas clínicas que ampararan la transición.

Pasaron 13 años para que la asamblea legislativa aprobara que las personas transgénero pudieran cambiar su nombre e identidad de género sin tener que pasar por el tedio del examen médico, orden judicial u otros procesos burocráticos que más parecían que querían hacerte desistir.

Día a día, seguimos y seguiremos luchando en contra de la discriminación basada en mitos, falsedades, miedos y la homofobia.

La preferencia genérica es simplemente una elección por la cual nadie debería ser señalado, estigmatizado y mucho menos perseguido.

Para las personas que preguntan por qué seguimos saliendo a marchar, a defendernos, con todos nuestros colores y algarabías, llamativos o acompañando a quienes aún siguen en silencio, para quienes se quejan de que en México nos estamos descarando, a ellos les decimos que lamentablemente, los crímenes de odio cometidos en contra de personas de la comunidad LGBTTTIQ parecen no terminar, es por ello por lo que año con año seguimos participando en el mes del orgullo y la visibilidad.

Hasta que dejemos de “aceptar “o tener una opinión y empecemos a convivir con regularidad sin que nuestra identidad sea la unidad con la que somos medidos.

Hasta que dejemos de decir “ay, pero yo tengo amigos gays” y solo digamos “yo tengo amigos”, hasta que no incluyamos la preferencia como un segundo nombre.

Hasta que podamos amar sin justificar, hasta que dejemos de satirizar a las comunidades, hasta que no haya ninguna persona llorando en el clóset por miedo a ser quien quiere ser, hasta ese día seguiremos saliendo a luchar.

México sigue siendo un país machista, homofóbico y racista. Eso es un hecho y está en nosotros hacer que el cambio se expanda. Viene de años, y años y años atrás de discursos masticados que tienen menos lógica que aquello por lo que tanto se quejan.

¿Cómo te sentirías si fueras perseguido, humillado, juzgado por amar?

El equipo de Gen Magazine está con ustedes. Nadie está solo. Acérquense a nosotros si tienen dudas, miedo, no saben como salir del clóset, no saben como definir lo que sienten, o necesitan un apapacho.

En casa, pero libres.

(Foto de portada por: @a_e13_b)

Sobre El Autor

Godinette pura sangre de día. Sexóloga todo el tiempo.

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