A veces me pregunto cuántas veces nos tomamos a nosotros mismos por sentados y dejamos de observarnos por estar con alguien más.

Conozco una infinidad de personas que saltan de relación en relación (o se enculan a cada rato) con tal de no estar solos. O que nunca han ido a comer solos porque se sienten extraños.

A veces confundimos la soledad con desolación. La soledad es la mera compañía de uno mismo, que debería ser grandioso. Nosotros deberíamos ser nuestros propios mejores amigos.

La desolación es haberte quedado en Prípyat después de un desastre nuclear, es haber perdido la esperanza en todo, es que toda la gente que amas y ha sido importante en tu vida se hayan hecho cenizas. Y que yo sepa, al menos todos tenemos a alguien que espera con cariño saber de nosotros o que aunque no esté siempre presente, aplaude tus éxitos, sufre cuando estás triste, o te quiere más de lo que sabes.

Todos en algún momento hemos estado en búsqueda de una pareja, incluso de manera inconsciente. Uno saca sus mejores cualidades. Se esfuerza hacia el exterior, busca verse mejor, trata de conocer profundamente al otro, sus intereses, su manera de pensar, su historia, su corazón. Queremos ser la mejor opción. Y está perfecto. Pero ¿Somos la mejor opción para nosotros mismos?

Muchas veces estamos chingue y chingue y chingue a nuestros amigos solteros para que se embarquen en relaciones, o incluso nosotros mismos nos desesperamos si llevamos tiempo sin pareja.

Pero estar solo es muy divertido.

No es una oda a la soltería de la revista Cosmopolitan (Soltera, Etérea, Potranca, Mujer Banorte y Fabulosa), muchos de ustedes que amablemente me leen están actualmente en una relación, y de ninguna manera les estoy diciendo que lo boten todo a la verga. Pero pues no tener pareja no es tan malo como nos lo quieren hacer creer.

¿Han ido al cine solos? ¿A un concierto o al teatro? Se consiguen los mejores lugares. En los parques de diversiones, hay una fila especial para quienes van solos y se suben antes que todos. Incluso, todo aquello que quieren en una cita o en una relación, dárselo a uno mismo es increíblemente poderoso. Un regalo, un viaje, un helado.

Es que también hay de solteros a solteros. Están los que huelen a desesperación y se enculan a cada rato y a huevo tienen que estar sufriendo o teniendo historias, metiéndose con lo que caiga (siempre hay un roto para un descosido y baby girl, seguro se encontrará a alguien igual y funcionará perfecto), los que andan felices por la vida y que si entran a una relación será de la manera más bonita y amable, los resentidos, los cobardes, y los que no van a salir ni aunque los regalen como disco de America On Line porque son más quisquillosos que la verga y creen que no los merece ni el piso en el que están parados. Aunque esos también tienen un punto muy rescatable. No nos vamos a quedar con la primera opción que nos den solo por tener hambre. Suena egoísta, pero el egoísmo bien canalizado es muy saludable.

Igual tiene su chanfle por algo tan básico como el qué hacer con las ganas de coger. Hay gente que aguanta como guardia del palacio de Buckingham por meses, hay hambreados pervertidos que hasta a su prima del pueblo, la Wendy, se echan al plato con tal de quitarse las ganas, hay gente que Tinderea, o gente que solo te usa cuando está caliente.

En mi muy humilde opinión y como parte de un viaje personal, no sé si han escuchado de la masturbación… Siempre me burlé de las niñas que decían que querían que su primera vez fuera especial, con pétalos de rosas en todos lados, velas, y un osito de peluche después de coger. Pues 15 años después, quiero eso. No quiero coger con alguien por 15 minutos y que me haga sentir mal 3 meses. Es el equivalente a que tu primera vez sea con los pantalones en los tobillos, contra una puerta de lámina y a escondidas en una tardeada en Chimalhuacán, borrach@ hasta el pito con Cubaraimas o Viña Real. No merecemos eso. Nadie.

Como dato cultural, existen dos tipos de fobias sobre esto:

La fobia a enamorarse y la fobia a estar solteros.

Recordemos que las fobias son niveles extremos de ansiedad y miedo irracional hacia alguna situación o a algún objeto, persona, que a veces puede llegar a paralizar nuestra vida y nuestra relación con el mundo.

La ANUPTOFOBIA es la fobia a quedarnos solteros, aunque yo pensaba que eso estaba erradicado en los 90’s y que la presión social sobre casarse, formar una familia feliz y vivir “felices por siempre” era algo que honestamente nos podemos quitar de encima fácilmente, pues nel pastel.

La FILOFOBIA o el miedo al amor, es algo que puede hacer que nos aislemos y rechacemos cualquier posibilidad de conocer a nuevas personas por el terror que produce la posibilidad de establecer un lazo emocional demasiado fuerte, ya sea por el miedo al rechazo o causado por el recuerdo de relaciones fallidas o por una pobre educación social por parte de nuestros círculos más cercanos a edad temprana.

La vida no la tenemos comprada y el ir atrasando nuestra felicidad es estúpido, bajo cualquier pretexto. Nunca vamos a terminar de estar listos (pretexto cobarde #4). ¿La felicidad únicamente te la da estar en pareja? ¿No hay otros planes? ¿Un dulce que te haga extremadamente dichoso, un viaje que quieres hacer, una meta profesional, nada?

Vale la pena hacer una pregunta. ¿Qué hace que te levantes todos los días? ¿Cuál es tu sueño más grande ahora? ¿Estamos viviendo en automático o realmente sabes que quieres?

Puede que me muera terminando esta nota, o me muera la próxima semana, o tal vez en 45 años más, y el hecho de que nadie ocupe mi mente, mi cama o mi corazón, no va a hacer menos la alegría que tengo de estar viva y de dormirme satisfecha por las cosas que tengo o hice ese día.

Como novia soy increíble, soy la mejor. Pero también valoro y defiendo mi tiempo sola.

Siempre he creído que en una relación (de pareja o de amistad ) hay tres personas:

Tu – Yo – Nosotros

Y que estar en una relación no significa volverse el otro y perderse en el vínculo.

Estar en una relación es hacer equipo, es enriquecerse, es impulsarte a ti mismo a ser tu mejor versión gracias al maremoto de neuroquímicos que te da el enamoramiento y hacer magia para ti y compartirle eso a otra persona que también se siente impulsada por lo que tienen, hace lo mejor que puede para si mismo y lo que logran tener juntos los hace invencibles.

Por ejemplo, The Better Sleep Council realizó un estudio en el que se dedicó a analizar los hábitos nocturnos de 542 personas; dicho documento reveló que las personas que duermen con su pareja confesaron que dormían mucho mejor cuando estaban en su propia cama, lograban conciliar el sueño más rápido e incluso, se sentían más seguros  durmiendo solos que acompañados.

Siempre me quedó grabada una escena de “Novia Fugitiva” de Julia Roberts. Ella se mimetizaba con sus parejas y ni siquiera tenía una respuesta tan tonta sobre si misma como el saber como le gustaban los huevos (de comida, producto de gallina, amigos). Si a su novio le gustaban revueltos, a ella le gustaban revueltos. Si su novio los quería poché, Bennedict, a la diabla, así mismo ella. Y la escena de la que les hablo es ella deteniéndose a probar cada estilo de huevos posible para saber lo que realmente quería. La pre

Este tiempo me ha servido para reflexionar en ello. ¿Cómo puedes darle algo a los demás cuando tu no tienes nada para ti? A veces damos a manos llenas a personas que no saben ni que hacer con ellos mismos y eso también nos rompe un poquito. Si todo lo que podemos ofrecer, nos lo damos a nosotros primero, lo multiplicamos y nos quita esa ilusión falsa de desastre que llega a cegarnos cuando no somos correspondidos. No hablo solo de amor de pareja, sino en general cualquier tipo de acción que aunque se hace desinteresadamente, no es recíproca.

Estando en pareja el vernos a nosotros mismos también es difícil. Eso lo dejo mucho en  terapia de parejas, unos días solos cada uno. Porque luego nos olvidamos de nosotros y el otro se olvida de si mismo pensando que con eso nos complace y la relación de mantiene a base de supuestos y a ciegas solo por costumbre. Y no se preocupen, ninguna pareja se ha separado.

Al menos en el círculo en el que me muevo, que incluye a las personas más hermosas y maravillosas de este planeta, universo, dimensión y línea de tiempo, no creemos en las relaciones “para pasar el rato”.  Si tenemos – buscamos una relación es porque tenemos las ganas de hacer las cosas duraderas. Y en caso de que esa relación falle, nuestros planes también pueden cambiar y hacernos entrar en una crisis existencial cabrona. Pero tampoco podemos andar caminando de puntitas en la vida por el temor a que algo no nos salga bien. Cada etapa, cada dolor, cada gran momento tiene una enseñanza que se disfruta a solas y es para nosotros nada más.

Las 3 últimas personas de las que realmente me enamoré tienen algo en común que siempre agradeceré (además de la miopía que alimenta mi fetiche por los hombres con lentes).  A los 3 les gusta el mismo personaje caza recompensas de Star Wars. Y todo lo que sé de Star Wars es gracias a ellos. A que tuvieron la paciencia de enseñarme, a que dejé de hacer jetas cuando me hablaban de eso y quise conocer más para poder acercarme a ellos y cuando se fueron, me quedé con el gusto pues me hice fan por mi misma. Y seguí siendo yo. Una yo mejor para continuar mi camino sola.

Así cada persona que me ha hecho feliz y cada persona que se fue. No me dejaron con el corazón destrozado y con miedo. Lo hicieron más grande.

Estar soltero no significa que estemos apestados ni que odiemos al amor. Que todos alrededor estén encontrando a su par o expandiendo sus familias no significa que valgamos menos. Cada quien lleva su ritmo, cada quien busca algo distinto, y para no dejar que alguien más nos pinte a su antojo, hay que saber qué queremos. Y si no sabemos eso, mientras sepamos lo que no dejaríamos entrar a nuestra vida, llevamos la mitad del camino. Hay que tener huevos para derribar muchos viejos pensamientos obsoletos sobre nosotros o la vida. Volver a empezar nunca es sencillo, pero el trabajo sobre uno mismo es el más satisfactorio.

Hay que gozar cada momento que tenemos a solas, incluso si es el trayecto al trabajo, recuperar playlists con nuestras canciones favoritas, invitarse a cenar de vez en cuando,  hacerse regalos a uno mismo. Una vez BountyHunter #3 me dijo que todo el dinero que invertía en alguien más mejor lo usara para mi y cada vez que me nacía el impulso de querer hacer una idiotez como comprar un obsequio, lo ahorraba. Y así me fui a Orlando. Seguramente ya hubiera viajado a Tokio, pero hey,  tenía que aprender.

¿Qué es lo peor que nos puede pasar si estamos solos? ¿Tal vez si somos nuestros jueces más duros?

La introspección es un poco como limpiar tu cuarto cuando eres más chavito. Todo es un desmadre, y puedes seguir acumulando por la flojera de empezar o puedes ir deteniéndote en el proceso y tirar cosas que ni recordabas que tenías, puedes también encontrar de nuevo las cosas que te  hacen feliz y darles de nuevo lugar en tu vida.

La decisión de estar solo cuesta. Pero vale la pena.

Hablo de soltar relaciones o personas que ya no nos están haciendo bien aunque los amemos, de poner límites saludables con las personas que amamos, de a veces decir “NO” a los planes que no nos hacen felices, hablo de aprender a ponerse en primer lugar y hacerle caso a esa punzada en la pancita que te dice “por aquí si es”  “no, no es buena idea”. Si nosotros no sabemos darnos amor y placer, estamos dejando que los otros decidan por nosotros.

Estar solo a veces es defender una postura sobre lo que amamos, es abrazar totalmente lo que somos y estar orgullosos de ello, es tener los  huevos de conocernos, las partes más brillantes y a las que más tememos. Como Peter Pan cosiéndose su sombra, a veces tenemos que hacer las paces primero con nosotros mismos, tenemos que consentirnos a nosotros y darnos apoyo 24/7 antes que al otro. Es ser nuestro tipo de persona favorito, ser nuestro mejor amigo. Ese mismo amor y cosas que le deseas a tu hermano, a tu mejor amigo, a la persona que amas, dártelas a ti. Si somos capaces de ver belleza, bondad, felicidad, y todas las cosas bellas en alguien más es porque es algo que conocemos de nosotros, pero luego no sabemos reconocer.

Regálense un tiempo para ustedes. Vuelvan a conocerse. Vivimos cada segundo con nosotros mismos, ¿Por qué no hacernos la vida más feliz y divertida?

Nos leemos pronto.

Sobre El Autor

Godinette pura sangre de día. Sexóloga todo el tiempo.

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