En el desarrollo de nuestras vidas realizamos acciones, vivimos sentimientos y pasiones, estructuramos planes, ideamos sueños, trazamos metas, conocemos personas, y no menos importante: experimentamos sucesos, algunos de éstos pasan de manera inadvertida y rutinaria, otros en cambio son trascendentales e importantes, pero hay unos que son particularmente desagradables y terribles, como por ejemplo: ser discriminado.

Desgraciadamente pertenecer a la población LGBTTTI, es casi sinónimo de que en algún momento de nuestra vida seremos discriminados; no obstante, te has puesto a pensar ¿en qué consiste ser discriminado?, y más importante aún, ¿qué debes hacer una vez que has sido discriminado? Para contestar estas preguntas, primero narraremos la tediosa vida de la discriminación y, en otra colaboración, hablaremos sobre cómo “destruirla”, desde una perspectiva legal.

El primer paso para cambiar, modificar o anular un concepto es entenderlo. Sin embargo la situación se complica un poco en el caso de la discriminación, dado que ésta tiene variadas y múltiples implicaciones (sociológica, jurídica, legislativa, etcétera). De tal manera que, para hacerlo menos aburrido, y un tanto más metafórico, equipararemos a la discriminación como un virus.

Ahora bien, entendemos por discriminación al hecho de usar una característica de la persona, como pretexto para negarle o menoscabarle un derecho humano. Bajo este punto, la discriminación se alimenta de nuestras características, dado que se puede discriminar a otra persona por todo aquello que se te pueda ocurrir: piel, descendencia, orientación sexual, identidad de género, rol sexual, sexo, género, complexión física, nivel socioeconómico, y varios, varios, varios etcéteras más.

El modo de sobrevivencia de la discriminación es simple: se basa en el contagio, pasa de una persona a otra mediante las acciones, palabras e incluso hasta con los gestos. Esto mediante el aprendizaje o la repetición inconsciente. El ejemplo más simple es el siguiente: los individuos humanos infantiles pueden contagiarse, en razón de que los individuos adultos pueden propagarles dicho agente mediante prejuicios, chistes, bromas o malos comentarios, usando a las características de las personas como un criterio negativo determinante.

Sin embargo, hasta este momento sólo hemos mencionado básicamente el concepto de discriminación, y el modo en cómo se propaga, pero aún falta saber la manera en cómo la afecta la enfermedad, es decir, falta saber de qué manera la discriminación afecta a otra persona.

Bajo este entendido, la persona infectada de discriminación hará lo necesario para negar, no reconocer, impedir, o violentar un derecho humano a otra persona. Ejemplos, tenemos muchos y variados, desde que la persona infectada haga chistes respecto a las maneras o aspecto físico de una persona; prohibirle el uso de ciertos bienes, o servicios públicos básicos, por ejemplo: no tomar las denuncias de las personas por tener una orientación sexual diferente; o abstenerse de otorgar protección legal mediante el reconocimiento de su identidad de género, esto por mencionar algunos, pero puede haber cientos y cientos de modos en cómo se presenta la discriminación. No obstante, el resultado es el mismo, se niega o menoscaba el ejercicio de un derecho humano.

Habiendo dicho lo anterior, sólo falta mencionar las maneras en cómo se remedian los efectos de la discriminación. Pero, eso será en otro momento, hasta el próximo viernes mis lectoras y lectores.

 

Sobre El Autor

Erick Gómez Berrocal es abogado egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, estudiante de maestría por la misma universidad, melómano, amante del arte, lector asiduo, investigador en potencia, escribo para LGBT México en GEN Magazine, cofundador y encargado del área legal de LGBT México.

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