Hablar de Almodóvar se vuelve un tema difícil porque sus películas hablan por sí solas. Dolor y Gloria es sin duda la más honesta de todas. Y vale la pena hacer una disección porque hay mucho que aprender de ella. 

Sólo antes de comenzar a leer, te advertimos que si aún no las has visto la siguiente información podría contener ciertos SPOILERS. 

La historia sigue a Salvador Mallo, que bien podría ser un anagrama de Almodóvar. Salvador es un director de cine en su quinta década. Lo conocemos en un momento de su vida en el que necesita un respiro de su profesión, es un aclamado director de cine, necesita un respiro de su vida y necesita salir del mismo limbo en el que se encuentra. 

La primera vez que lo vemos se encuentra literal flotando en el agua, como seguramente se siente Salvador en ese momento. En ese espacio acuoso, inmerso y con los ojos cerrados o abiertos, qué más da para Salvador, la visión de sí mismo se encuentra igualmente sumergida en una profundidad que poco a poco vamos a conocer. 

Salvador, interpretado por un magistral Antonio Banderas, es la encarnación fílmica de Almodóvar en sus diferentes etapas de vida. 

Saltamos constantemente entre lo que pensamos que es el pasado y el presente de Salvador, conoceremos su infancia, el gran talento que siempre tuvo, su sensibilidad. En esta metaficción autorreferencial brincaremos a momentos clave de la historia de su vida. 

Este es un filme de reconciliaciones. Conoceremos varios momentos en la vida de Salvador para entender con quién necesita hacer las paces para tener un presente menos amargo y más dulce. 

Cuando en un festival de cine incluyen su primer largometraje, de nombre “Sabor”, el cual hace referencia directa a “La Ley del Deseo”, con quién había tenido disputas con el actor protagónico: Alberto Crespo, interpretado por Asier Exteandia. Salvador busca a éste para invitarlo a dar una ponencia, a la cual por cierto faltan porque Salvador conoce la heroína gracias a Alberto. Bien podría ser un poco para entender otro problema de su juventud cuando estrenaron la película treinta años antes. 

Esta nueva experiencia los une en una nueva faceta de su amistad, logrando la reconciliación cuando Salvador le cede un texto que habría escrito justamente acerca de la adicción.

Una vez puesta en escena este texto, un viejo amor de Salvador regresa a su vida, habiendo presenciado la actuación de Alberto. Se trata de Leonardo Sbaraglia, quien le da vida a Federico. El texto escrito por Salvador narra la trágica historia de amor que marcó a éste cuando realizaba el filme de Sabor. Con Leonardo, Salvador cerrará otra parte importante de su pasado para lograr la paz que tanto anhela. 

Entonces tenemos a su madre, la reconciliación con ella tardará más tiempo porque desde su infancia hasta el momento de la muerte de su madre, Salvador cargará con ello mucho tiempo. Conoceremos los detalles más personales en la vida de él, su infancia en la “cueva”, una especie de departamento que consigue su padre para sacarlos adelante. Su ingreso a la escuela y la rebeldía que desde muy pequeño se asomaba.  Y posteriormente después del inevitable éxito que marcaría el momento que en que dejaría el nido para embarcarse a una aventura como un joven hacia Madrid en la década de los ochenta. 

La reconciliación con la madre entonces sucede tiempo después de la muerte de ella. Cuando Salvador haga un viaje al pasado nuevamente al enfrentarse al recuerdo y a todos los puntos que lo atan eternamente a su madre. Todos los detalles están ahí, hasta la cortina con el mismo patrón de colores. 

Otra parte importante de este proceso de sanación es el enfrentarse a su precaria salud, es curioso que cuando más cargas cosas del pasado, más problemas de espalda se presentan. Salvador tiene que resolver tanto cuestiones físicas como mentales y enfrentarse a nuevos diagnósticos. 

Pero la reconciliación real para Salvador será cuando se libere completamente del pasado y haga las paces con él. Será cuando un dibujo llegue a sus manos para marcarle el fin de un tiempo y poder seguir adelante. Un dibujo hecho de la mano de un verdadero artista, al parecer anónimo, pero Salvador sabe perfectamente quién es, y aunque desconozca como esa pintura llegue a su mano, el recuerdo del primer deseo será el impulso para seguir adelante. 

Es el clímax perfecto para un filme tan personal meta ficticio que bien ha hecho en llamar “autoficción”. 

Cerrando con una imagen hermosísima donde su madre, que no es su madre, porque siempre vimos su infancia como su nuevo filme, interpretado por Penélope Cruz y Asier Flores como Salvador. 

Es un filme sublime con un Antonio Banderas maduro, que interpreta realmente a Pedro, que cuenta sino los detalles más personales de su vida, si una historia que es de lo más apegada  a su vida. Con todo el sello que lo caracteriza: los colores, el humor, la conjugación con la seriedad, las actuaciones de cada uno de los personajes cuidados al más mínimo detalle, la musicalización a mano de Alberto Iglesias. Esta es una de las mejores películas de Almodóvar.

Sobre El Autor

Cinco tazas de espresso, cuatro películas al día, un par de horas leyendo. ¡Qué bonito es soñar! Hablemos de cine, de todo tipo de cine. Lleguemos juntos al fondo del pantano o al hoyo del conejo. Amo el cine, la literatura, la música, en ese orden.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.