Si de clóset hablamos, la bisexualidad es ese tiliche que no sabes para que lo tienes, pero no sabes dónde acomodarlo. No lo tiras. Ni te lo has probado, pero sabes que ahí anda e igual te sirve para después. Y parece que en cuanto lo usas, nadie se va a olvidar que traes la etiqueta de fuera y te lo van a recordar como si fuera algo de que bromear.

Dentro del hermoso mundo de las preferencias genéricas y la comunidad LGBTTTIQA, la bisexualidad es una de las partes que asumimos saber y pasamos de largo para entender a otros que nos suenan más complicados.

Como mujer, al parecer solo tenemos dos opciones. O eres heterosexual y vives caminando hacia el altar todos los días, o eres lesbiana porque te falta un hombre que te coja bien.  O eres una puta o eres una apretada. Femenina o machorra, una cabrona o una pendeja. Estás buena o eres chida.  No lo digo yo, pero me lo repitieron hasta el hartazgo desde chiquita. Como siempre, esta columna la escribo desde mi humilde vivencia, pues no puedo generalizar lo que hombres que son abiertamente bisexuales han experimentado.

Para Sigmund Freud, padre del psicoanálisis y parte fundamental de le educación de nosotros los psicólogos; todo el mundo es bisexual al nacer y es la existencia o no del órgano sexual pélvico externo masculino y su atracción (o no atracción) hacia éste lo que determina la orientación sexual definitiva. O sea, una etapa de transición. El mito #1 sobre la Bisexualidad. Incluso el término médico era “estado de intersexualidad patológica” a falta de un término con el que determinar la orientación. No, no es 50% homosexual y 50% heterosexual. Es 100% bisexual y no estoy confundida, ni es una fase, ni falta que un hombre me de una buena cogida para decidirme. Me gusta lo que me gusta. Punto. Ese debate de la indecisión ha hecho que incluso la misma comunidad LGBTTTIQA tenga conflictos si no te defines.

La bisexualidad es la preferencia genérica en la que una persona siente atracción romántica o sexual, tanto hacia otras de su mismo género como del género opuesto. Y existe desde siempre. Pregúntenle a Alejandro Magno. Luego hablamos de la pansexualidad, para que no se confundan, porque no es lo mismo.

Nadie me explicó que podía ser asexual y enfocar mi vida al estudio aún teniendo increíbles relaciones interpersonales. Nadie me permitió la idea de vivir como un hombre y llamarme Rodrigo, aunque hubiera nacido como Daniela, ni siquiera tuve opción a decidir ser nada. Tal vez se me dio la opción de ser “rarita” y amar a las niñas como yo en caso de que ningún niño llamara mi atención.  Debía amar a todos porque somos hijos de Dios, pero solo uno podía ser mi pareja.

 

Yo siempre supe que las mujeres me gustaban y añoraba una relación con una con la misma intensidad con la que soñaba despierta con casarme con Jaime Camil. Siento la misma emoción y deseo loco, nervio bonito y pendejez transitoria cuando estoy hablando con una mujer que me atrae que cuando veo a G.I. Joe. Me encanta la belleza y lo audaces que son las mujeres y me derrito con un hombre que me domine mentalmente.

Admiraba el cuerpo de las mujeres desde que era chiquita y por supuesto que hacía lo posible por ver Wild On en E! O las películas de Golden Choice a las 12 de la noche. Buscar una chichita borrosa en el 99 cuando medio agarraba la señal de Playboy. Yo sabía que yo era mujer de nacimiento y por biología, sin embargo, nunca se me hizo imposible el sueño de vivir una historia de amor que incluía boda, perrito y una casita con una mujer. Claro que me fajoneaba de chiquita con mis amiguitas, ni sabíamos que era ni que pasaba pero se sentía rico, los juegos sexuales en la infancia son comunes, no se hagan los mustios. Soy una persona perfectamente funcional actualmente.

Maldito el día que se me ocurrió decirlo en voz alta. Era la época en la que la novedad era jugar botella y semana inglesa. Me tocó que  mi crush amor de mi vida hombre (que sigue guapísimo) me preguntara “¿QuIéN Te GuStA Del sAlóN AdEmáS De Mi?” para que después de decir el nombre de mi nuestra compañerita ,me hicieran burla y mis amiguitas cada ciertos días me gritaban en coro “¡CÓRTALAS! ¡TE GUSTAN LAS NIÑAS!” y tenía que quedarme solita en el recreo. Lo recuerdo muy bien, como si hubiera sido en quinto de primaria. Me gustó a morir el mismo dude desde primaria hasta la secundaria y me hacían burla. Dije que una compañerita estaba preciosa y me jodían. Me persiguió hasta la prepa cuando en las pedas caseras todo mundo molestaba con “pues a ti te laten las viejas, bésense”. Y pues las besaba, ¡Ya ni modo!

Eso si, que ni se nos cruzara por la mente pedirles a los hombres que se besaran. “Ni que fuera puto, no mames”. En fin, la hipocresía. Ahorita mucho  “beso de tres” y risas y felicidad, pero solo cuando le conviene a ciertas personas. Al final del día, entendí que para sobrevivir en ese ambiente de chicos católicos maristas, o usaba la sexualidad como una moneda de cambio y como mecanismo de defensa o iba a pasarla de la verga como en la secundaria. Spoiler alert: pasa factura, y es una deuda personal que te puede dejar en bancarrota durante años.

Alfred Kinsey (si, el de «Masters of Sex»), el pionero mero mero de los estudios de la sexualidad humana juntó a 5,300 hombres y a 5,940 mujeres para recabar datos sobre varios aspectos de su vida sexual. Descubrió que había personas que tenían relaciones con hombres y mujeres. Cosa que les encantaba de igual manera. El 28% de las mujeres tenían deseos y respuesta sexual efectiva ante otra mujer y el 37% de los hombres la habían tenido ante otro hombre.

Gracias a ello creó una escala en la que hablaba del continuo de la sexualidad que los seres humanos experimentamos a lo largo de nuestra vida.  En ella hablaba del camino entre la heterosexualidad y la homosexualidad y la posibilidad de ser bisexuales.

El doctor Jorge Luis Álvarez- Gayou, director del Instituto Mexicano de Sexología, completó la obra de Alfred Kinsey y le aumentó las posibilidades de ser practicante abierto, de únicamente fantasear con ciertas prácticas, estar en una etapa de vida sexual en la que se enfrentan a su propia sexualidad y dudan de sus posibilidades de respuesta, tanto como de no hacerlo.

El continuo de Alvarez-Gayou

Si te sientes atraído hacia personas del otro género, y no reconoces belleza en las personas de tu mismo género eres Fundamentalmente Heterosexual.

Si te sientes atraídoo hacia personas del otro género, y puedes reconocer belleza en personas de tu mismo género eres Básicamente Heterosexual

Si te sientes atraído principalmente hacia personas del otro género, pero también con frecuencia hacia personas de tu mismo género eres Preferentemente Heterosexual

Si te sientes igualmente atraído por personas de ambos géneros entonces eres Bisexual

Si te sientes atraído principalmente hacia personas de tu mismo género, pero también con frecuencia hacia personas del otro género eres Preferentemente Homosexual

Si te sientes atraído hacia las personas de tu mismo género, y puedes reconocer belleza en las personas del otro género eres Básicamente Homosexual

Si te sientes atraído hacia las personas de tu mismo género, y no reconoces belleza en las personas del otro género – Fundamentalmente Homosexual.

Y ustedes angustiados por definirse al 100% en un solo lado cuando existen hasta 70 combinaciones que ni siquiera te están diciendo que estás «bien» o «mal». Solo te están diciendo que EXISTE. Hay gustos como personas hay. En eso radica la belleza de la vida.

He asistido a pijamadas, he viajado con mis amigas y hemos compartido la misma cama y nunca nos hemos faltado al respeto, nunca las he espiado, tocado dormidas ni siquiera besado en la peda. Cuando voy al gimnasio, el vestidor está lleno de mujeres desnudas o cambiándose y yo no ando como viejo cochino esperando a ver quien se descuida para sabrosear.

Es exactamente lo mismito que estar en una oficina rodeada de hombres. No todos me gustan. Ni siquiera me gusta alguien actualmente. Y si no quiero volver a coger en mi vida, es mi decisión. Todos los días podemos tomar decisiones diferentes, nada está escrito. Hay que dejar de ser tan inflexibles con nosotros.

He tenido más novios que novias, y tengo claro que en este momento de mi vida, la monógamia no es algo que me interese mucho, por lo que quien sabe, puedo igualar el número. Porque claro, en una sociedad como la mexicana, solo hay dos opciones también si eres bisexual y deseas tener una relación monogámica tradicional: o me beneficio de ello y armo un buen trío sexual porque es mi fantasía, o no te tomo en serio porque pues te gusta todo, para que arriesgarme a que me engañes y más con una mujer.

Porque se cree que las personas bisexuales somos infieles, o somos promiscuos. Y si. Tanto como cualquier otra persona. Al igual que puedo pasar meses y años sin coger. Sé que suena ridículo tener que aclarar esas cosas, ¿A quién le importaría lo que yo hago en la intimidad? Pues al parecer, aún en 2020 todo mundo tiene que tener una postura definida en vez de dejar vivir en paz. Si alguien es infiel, nada tiene que ver con su preferencia genérica. Es cuestión de principios. Si alguien es promiscuo, muy su problema. ¿Es feliz? ¿Es un vacío? ¿Es la suerte? No nos importa. Mientras sea de manera responsable.

Si, puede ser como con la comida. Esa frase de «¿Por qué dices que no te gusta si ni lo has probado?». Me gusta saber que tengo opciones infinitas de sabores que aún no pruebo de la vida y del amor.

Se sufre más luchando contra lo que realmente sentimos tratando de ser «normales». Yo digo que ¡AL DIABLO!

¿Eres bisexual y quieres gritarlo a los 4 vientos? HAZLO.

¿Quieres guardarlo para ti? HAZLO.

Lo importante es que sepas que tienes la opción y lo único que te define es como decides vivir tu vida.

Sigamos festejando la diversidad. Recuerden que no están solos, no están solas. Aquí en Gen Magazine, todos tenemos un lugar.

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Sobre El Autor

Godinette pura sangre de día. Sexóloga todo el tiempo.

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