D̶i̶e̶c̶i̶s̶i̶e̶t̶e̶ Siete otra vez 

¿De qué va la vida? Cuando éramos niños moríamos por ser adultos y ahora que nos ha llegado la adultez como un gran puñetazo en la cara, daríamos nuestros trabajos, nuestras fiestas y hasta nuestro súper poder de pasar a lugares donde sólo los adultos tienen acceso, por volver a ser infantes y es que, la infancia es la etapa más cool, pues a pesar de que también ser “grande” tiene sus cosas chidas, no hay comparación con ese momento en el que —y me permito este lugar común porque estoy de acuerdo— éramos felices sin saberlo.

Photo by Porapak Apichodilok from Pexel

No cabe duda de que quienes ya no somos niños, también tenemos la capacidad de ser plenamente felices, pero, ¿a poco no nos cuesta más trabajo?, esto sucede porque estamos bieeen contaminados y no solamente por el smog —que en la ciudad es demasiado, por cierto—, sino por un conjunto de mental farts —así suena con más caché, déjenme ser— que no nos permiten disfrutar de la mejor manera. Cuando éramos muy pequeñitos, si sentíamos deseos de correr o saltar, lo hacíamos, así, sin más, pero si ahora nos dan ganas de hacerlo —porque no creo ser el único que ha sentido la necesidad extrema de sacar energía y hacer catarsis de manera física por alguna situación—, lo primero que viene a nuestra mente es: “contrólate, te están viendo/OAlgunaOtraAntifabulosidadSimilar”. Eso sí, si alguien tiene un comportamiento donde no se cercena el espíritu, la mayoría de gente en vez de verle como un ejemplo a seguir, le cataloga como “inmadur@“, #chale.

Sin duda debemos permitirnos volver a disfrutar de ser niños, recordar esa increíble época en que nuestro súper yo no era tan cabrón y no coartaba tanto nuestro ser, cambiar la parafernalia por la sencillez, salir a mojarnos en la lluvia de vez en cuando y ensuciarnos la ropa, cantar a todo pulmón si así lo deseamos e ir a columpiarnos al parque. Seamos honestos, el mundo de los adultos no apesta porque sí, somos los adultos que seguimos legitimando viejas y aburridas prácticas socialmente aceptadas quienes lo hacemos apestar, tenemos que quitarnos la armadura de señor/señora y hacer que el/la niñ@ que aún vive en nosotros se sienta orgullos@ que nuestro yo actual.
Antes de terminar esta nota quiero recordarte que así tengas 18 o 98 años, estás a tiempo de cumplir tus sueños, de hacer lo que te llena y te hace sentir verdaderamente feliz.

@isanimalex de chiquito.

Te envía un abrazo de boa constrictor un tal @isanimalex que aún va al parque a columpiarse.

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