A todos nos han dejado alguna vez con el corazón roto. Hemos pasado por duelos, hemos buscado remedios temporales, y a veces hemos encontrado en el odio al mejor aliado ante la tristeza.

Nuestro cuerpo y nuestra mente se pasan de culeros con nosotros en los momentos difíciles, como que les gusta demasiado el drama, y pues hoy quiero contarles sobre esas cosas que hacen que el desamor sea una montaña rusa de pendejadas.  Justo esta nota la empecé a escribir hace unas semanas, un día que estaba hormonal y emputada con ya-saben-quién, y ahora que tuve una sobredosis de felicidad y sexo salvaje, puedo ser un poco más objetiva. Es como un “a todos nos pasa”, pero les voy a explicar el por qué psicológico y en algunos casos lo hormonal en ello.

¿Qué pasa cuando nosotros somos los que decidimos dejar a alguien a quien amamos?, ¿qué pasa si nos arrepentimos y no hacemos nada al respecto? , ¿qué pasa si de repente todo era color de rosa y se va a la chingada? o aquellos amores que jamás se dieron y que son los que más nos marcan por la incertidumbre.

Por supuesto que hay maneras saludables de resolver el dolor y cerrar ciclos con madurez, pero con la cabeza fría, pensando, con consciencia. Pero si estamos cargados de hormonas y emociones, hasta que no las saquemos, no vamos a llegar a tan elevadas respuestas. Y si no lo pasamos, ¿cómo aprendemos?. A mi me consuela saber que no fui la única persona que ha pasado por cosas así, que les prometo, nos dan risa al cabo de un tiempo.

 

Si te duele el corazón, toma Tylenol.

 

Hace 4 años más o menos por esta época, un novio al que amaba con todo mi ser me cortó. El primer día lloré, lloré y lloré y recordé que por mamada había leído que cuando estuvieras triste, tomaras Tylenol. Debajo de la cárcel en la que trabajaba había una farmacia y compré mi botecito de Tylenol. Total, ¿Qué podía perder?

Me tomé dos pastillitas y sentí de inmediato como si me hubieran sedado. Fue como si callaran a mi corazón. Claro que pensaba en la otra persona en ese momento, pero no me dolía al punto de sentirme triste. Bendita la hora. Cada que me peleo-enojo-me pongo triste con ya-saben-quién, es lo primero que hago y siempre funciona. Así pienso mejor las cosas.

El desamor realmente duele a un nivel físico. Y si existe el corazón roto.  Se le conoce como miocardiopatía de Takotsubo o miocardiopatía inducida por estrés, es un dolor en el músculo del corazón provocado por una situación de intenso estrés emocional o físico.

Como les conté antes, el enamoramiento como fase inicial es una bomba de químicos felices que te hacen sentir en las nubes y te hace sentir invencible y querer cantar y gritar y vivir y blah blah blah, ya que el amor activa los mismos centros de recompensa neurológica que la cocaína. El rechazo o la pérdida de ese amor no solo te quita tu droga, sino que es como el mismo proceso al revés. Literal, como una cruda después de haber mezclado todas las bebidas que se te cruzaron.

Sin importar si sentimos dolor por la abstinencia o experimentamos rechazo emocional, las neuronas en nuestra corteza anterior e insular comienzan a activarse.

Queremos más, más y más de la otra persona y de la sensación de que nos corresponden o que cualquier beneficio que tengamos de esa relación (como tener una novia trofeo, una posición económica muy cómoda, no estar solo) y eso crea cierta “tolerancia” a la que el cuerpo se acostumbra. No se calma esa necesidad, crece y crece. Por lo tanto la ruptura es como el “síndrome de abstinencia” que lleva a recaer una y otra vez en el proceso de abandonar una relación que puede estar causando mucho daño.

Aquí, la corteza prefrontal empieza a decirnos “¿Qué pedo, qué estás haciendo?” ya que es el área encargada de la expresión de la personalidad, la toma de decisiones o en la planificación de comportamientos cognitivamente complejos (como seguir una receta, recordar datos exactos, planear algo). Dicho de otro modo: mientras uno sufre, la química del cerebro ya está trabajando para equilibrar las emociones y recuperarnos.

Es lo que me gusta de este peque remedio. Si te sientes triste, no te quieres levantar, pero si te levantas y empiezas moverte, mucho más rápido sales de ese hoyo.

Promise.

“Si no te quiere, no lo quieras”  

Huir. Desaparecer por completo o  hacer como que no pasó nada.

Lo he intentado, y realmente hace que me sienta enferma todo el día.

Temblorosa, intranquila, siento que se me quiere salir el corazón como si hubiera tomado 4 RedBulls. No tengo 15 años para borrar y bloquear a la gente, pero el hecho de sentir ese baño de agua helada cuando aparece ese alguien en el feed, hace que dejemos de seguir a las personas, al menos por unos meses. La decisión la tomamos de un día al otro, de tajo, con la adrenalina a tope. El cuerpo se prepara para PELEAR O HUIR. Como cuando nos van a atropellar por cruzar la calle en la pendeja, como cuando caminas por Chimalhuacán y cualquier persona que te habla sabes que corres o le metes un madrazo. En esas situaciones, el cuerpo reacciona tan en automático a un evento que puede ser traumático y lo expulsa. En situaciones de riesgo, hasta podemos llegar a orinarnos o cagarnos encima para estar más ligeros y correr por nuestras vidas. Así con el corazón.

Borrar todas las fotos del celular, quitar la foto de mi escritorio Godín, borrar las conversaciones y tener una libreta con temas random que investigar como teorías de conspiración  y asesinos seriales (que amo), recetas, personas a quienes no les he escrito en mucho tiempo  y para distraerme cada que quiere cruzarse por mi mente. Ponerme una liga en la muñeca para jalarla y pegarme cada que manda un mensaje y quiero responder

Pero parece que lo huelen, y es cuando reaparecen.

No es lo más recomendable, pues es como hundir una pelota abajo del agua. Te sale cuando menos te lo esperas.

O te quedas en la fase de “odio al amor y cualquier persona que se me acerque le voy a aventar piedras”.

 

Rebound: Un clavo que saca a otro clavo.

 

¿Por qué la persona que está entre nuestra relación fallida y la nueva relación grande que vamos a tener es tan importante?

Por poder. El poder embriaga. Somos como un venadito herido que hacemos ojitos a un buen samaritano a quien previamente elegimos no para preservar la especie ni para que sea quien nos cambie, sino quien nos reconstruya de cierta manera y nos reafirme con nosotros.

Esa persona que siempre nos insiste y que realmente vemos como amig@, esa persona que nos admira, nos idolatra y literal, se pone de tapete para nosotros, que estamos en un momento devastador donde no sabemos quiénes somos, es la presa perfecta.

No necesitamos impresionar a nadie. No necesitamos conquistar ni que nos conquisten, pero necesitamos engañar al cerebro. La testosterona cumple la función de droga revitalizante tanto en hombres como en mujeres, ya que le pone los lentes rosas al autoestima y hace que hasta la libido aumente. Justo, el sentirnos deseados nos empodera. Y se crean feromonas , las cuáles hacen más atractivas a las personas, mejoran las relaciones personales y sexuales, además producen sentimientos de confianza y simpatía

Yo lo hago. Cuando me enojo con ya-saben-quién, lo primero que hago aparte de tomar Tylenol, es escribirle bonito a los canchanchanes. Solo eso. Me les aparezco, dejo que me admiren, que me hablen bonito, y los dejo plantados. Vamos, ni siquiera los veo, no he besado a nadie que no sea ya-saben-quien aunque no es mi novio, siempre les dejo de escribir en cuanto me siento mejor. Lo sé, es muy malvado, pero necesito esa sobredosis de recompensa emocional que no recibo de la otra persona.  Y sé que existe el Karma, pero ni modo, habrá que pagarlo. Ya me ha pasado, he sido el rebound de alguien más y pues aunque se sufre, no puedo decir que me sorprende y no sé por qué esas cosas me pasan a mi.

Es el antídoto. Lo necesitas rápido, lo necesitas sin dar algo a cambio, lo necesitas o te mueres.

De manera muy inconsciente, nuestro cerebro busca a alguien que nos implique cierto reto, el cual nos va a dar una satisfacción mental que libera dopamina por haber logrado que nos “validara”.

Es diferente para cada quien. Por ejemplo a mi el tipo de personas que me atraen y me atrapan son las personas frías. Yo soy un perrito, yo amo, yo me dejo ir como gorda en tobogán, yo me desvivo de amor y atenciones con personas que nunca demuestran la más mínima emoción. Cuando estoy triste, necesito al tipo de persona idéntica a mi para quienes yo soy fría pero que me quieren igual que yo a la otra persona. Hay personas que al contrario, buscan un reto más grande y con eso satisfacen su dosis de hormonas.

Incluso podemos llegar a buscar a alguien similar al objeto de nuestros pesares, y tratamos de emular lo que vivimos con esa persona “cambiando” el trágico final, para redimir la experiencia. Algunos se quedan ahí, por siempre, justo por no querer pasar el duelo y quedarse en la fase de negación.

Y sobre el sexo, ni ganas hay. Normalmente entre más tienes, más quieres y mejor te sientes, pero aunque se tengan encuentros sexuales “vacíos” o sin significado, con todas las personas que te encuentres, cero placer.

The Pendejada Chronicles: Mensajes que jamás tendrían que haber sido enviados.

La delgada línea entre el enojo y el dolor se cruzan con la necesidad de recompensa.

Un clásico del desamor, seamos personas frías o perritos amorosos como yo, es el ahogar las penas en alcohol o con otras cosas. Hasta culturalmente como mexas estamos obligados a echarnos unas copas con José José de fondo.

Siempre hay un punto en la peda en el que entra el “escríbeleeee, háblaleeee, dile que lo extraaañaaas, dile que lo odias, dile cochinadas a ver si caeeee”  y esto está relacionado a que el efecto del alcohol es casi idéntico al de la oxitocina y dopamina, que es la hormona del amor y de la felicidad, y que favorece conductas altruistas, de generosidad y empatía y elimina los inhibidores sociales como el miedo, ansiedad o estrés. Hace que veamos de manera distinta las situaciones que usualmente nos dan miedo. Además la ingesta de alcohol estimula la actividad de esos neurotransmisores encargados de regular las sensaciones de bienestar por lo que creemos que podemos todo y ya nada nos duele. Pero justo el alcohol como tal, es un depresor. Por eso terminamos a veces de malacopa llorando, pues en vez de ir a engañar a los neurotransmisores felices, se hace compadre del área negra del dolor y se ponen peor que Paquita la del Barrio. Como que también tienen una especie de habilidad para que los detalles que olvidamos por el impacto (existe  una amesia selectiva al dolor o incluso a los detalles que nos molestan de las personas) salgan en todo su esplendor.

Si el rompimiento es reciente, seguimos necesitando la atención de la otra persona o como vimos antes, el madrazo de hormonas compensatorias. Queremos siquiera hacernos notar aunque la respuesta del otro sea totalmente negativa y desastrosa. Mandamos mariachi, mandamos flores, lo que sea con tal de que estemos en paz. Ni modo. Yo siempre pienso “alguien más en este mundo lo ha hecho” y me consuelo.

Nos peleamos, nos ardemos, les rogamos, les decimos cosas que en la mañana nos dan la peor cruda moral que lamentablemente solo se quita con el tiempo. Y queda la experiencia.

Yo aprendí hace muchos años (afortunadamente) y lo más que llego a hacer es encerrarme a tomar sola en mi casita, llorarle como cerdo y apagar el celular. Lo más ridículo que puedo hacer es llamarle a mi mejor amiga para que escuche mi drama (aunque ella solo me diga “esto va a pasar pronto” y me cuelgue para dormirse), pero a ningún ex novio o canchanchán le he rogado en mi peda. Pero si mando nudes o le digo incómodos comentarios a ya-saben-quién.

*Incluso si no estamos peleando o terminando una relación, nos da el valor para hablarle a nuestro crush, decirle cosas que bajo la amenaza de nuestro raciocinio y las barreras sociales no haríamos. Como cuando las personas frías te demuestran que te quieren o sacamos cosas que nos enojaron el 23 de abril de 2003*

El cuerpo al final es tan sabio, que todo el dolor de un duelo se olvida. Duele tanto porque está luchando por sentirse bien. No hay una manera estándar para que todos los seres humanos superemos algo de manera ecuánime y madura.

Vivir el amor y el desamor es algo maravilloso, si, aunque suene raro, te hace saber que estás vivo. Si nos detenemos solo por creer que va a acabar, nos estamos condenando a nosotros mismos a vivir experiencias bonitas que nos enriquecen.

Al igual que el amor y la energía que tenemos que creemos que nos va a hacer correr un maratón y cantar como en una película, la pesadez y dolor del desamor tienen que salir de nuestro cuerpo,  tenemos que llorarlo, vivirlo, y que salga como tenga que pasar, si no volteamos a ver el dolor, jamás se va a resolver.

Y pues después del caos que es escribir mensajes largos, despedirnos, pelear, intentar regresar, fallar, y perder todala dignidad, hay maneras bonitas para recuperarnos:

  1. Hacer playlists bonitas con Power Songs
  2. Volver a conocernos
  3. Ver películas que nos hacen reír
  4. Hacer ejercicio (endorfinas y un cuerpazo criminal)
  5. Helado de chocolate. Es científico, si sirve.
  6. Leer libros QUE NO SON DE AUTOAYUDA.
  7. Creer en algo.
  8. Viajar.
  9. Rodearnos de el amor bonito que necesitamos recibir.
  10. Y tomar el tiempo necesario. No es una carrera. No hay prisa, ni para iniciar algo con alguien más ni para negárnoslo.

Creo que cada experiencia nos hace más sabios, y en vez de convertirnos en piedras y odiar el amor, deberíamos agradecer lo vivido y buscar nuestra felicidad en algo que ya no es el camino que nos lastimó, atrévanse a querer, atrévanse a seguir su corazón aún cuando todo esté en su contra. ¿Qué es lo peor que puede pasar?

¿Están pasando por algo difícil?

Siempre tengo tiempo para escuchar sus historias y apapacharlos un poco. Tengo un libro fantástico que compartirles.

Escríbanme a lanori13@genmagazinemx.com y se los mando por PDF.

Nos leemos pronto.

Sobre El Autor

Godinette pura sangre de día. Sexóloga todo el tiempo.

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