Es bastante difícil encontrar buenas películas. Pero es aún más difícil encontrar buenas películas con temática LGBTQ. Llamémosle “queer” para facilitar el lenguaje.  

El cine queer tiene una larga historia, una que vale mucho la pena conocer. Los personajes queer siempre han estado presentes, acompañando de una u otra forma a los personajes principales. Pero es adentrado el siglo XX cuando dejaron de ser personajes secundarios para convertirse en protagónicos.

Vayamos por partes. Sabemos que la cultura en general, la cultura pop, ha tenido sus momentos disidentes. Pero en general responde al sistema hegemónico patriarcal. En el cine los personajes queer han sido relegados y utilizados para reforzar el mismo sistema cultural.

En los comienzos del cine, cuando ya se había establecido como un nuevo medio en el cual contar historias, los personajes queer estuvieron presentes de varias formas.

Existen varios ejemplos de películas, cortometrajes principalmente, en donde encontraron un lugar para estar presentes. Pero la mayoría de éstas historias tienen un enfoque religioso y se apegan a un orden judeocristiano. Muchas de éstas historias tienen que ver con la relación entre la homosexualidad y el pecado. Tratan de cómo es retratada la homosexualidad desde éste punto de vista.

Sin embargo existen otros que rompen este paradigma. En 1919 hay un filme alemán que cuenta la historia de la relación entre un violinista famoso y un chico que lo admira. “Anders als die Andern” de R. Oswald. Más allá de una sencilla historia de chantajes, lo interesante en éste ejemplo son las inserciones que un personaje médico hace constantemente sobre toda la temática. En el filme tratan de explicar las diferencias entre la identidad y la expresión de género. Si, en verdad un filme de 1919 tiene todo un discurso que muchas décadas después se consideraría como teoría queer.  

Pero llegado el cine de Hollywood, sobre los personajes queer se tuvo otra perspectiva completamente distinta. En el cine clásico de Hollywood los “sissies” llegaron y llegaron para reírse de ellos. Los clichés sobre hombres amanerados, de bigotes delgados, han sido utilizados como una forma de reforzar la masculinidad de su contraparte argumental. Y aunque casi no se habla de la parte afectiva de estos personajes, se les reconoce por lo estereotipados, por ser maricones y afeminados.

Caso similar pasa en las películas del Cine de Oro mexicano. Los personajes amanerados están para hacer reír por un defecto de carácter y no porque sean realmente importantes dentro de las líneas argumentales.

Hay sus excepciones, películas como Muchachas de uniforme de 1951 o Pablo y Carolina de 1953. Estas películas tendían a tener dos funciones: o aleccionar sobre la supuesta inmoralidad de la homosexualidad, haciendo pagar a los personajes un destino trágico o bien utilizar el enredo del travestismo. Este elemento de travestir personajes, más allá de abordar una temática queer era para generar la comedia a partir de la situación.

Pero ¿A qué quiero llegar con toda esta escueta remembranza del cine? Que realmente los personajes queer empiezan a tener voz propia hasta las últimas décadas del siglo XX. Con la exposición que se tuvo a partir de exigir los derechos a favor de la comunidad en la década de los sesenta y setenta y de forma internacional. La visión en general sobre la disidencia sexual toma un papel protagónico. Se empiezan a desarrollar historias con una gama más amplia de personalidades y de visiones sobre la misma sexualidad.

Y aunque la gran mayoría de las películas tratan sobre la “salida del clóset”, se empieza a generar lo que ahora podríamos agrupar como cine queer.

Un cine con una visión distinta a todas las normas que hemos vivido como una realidad. Hay cada vez más opciones, aunque no tengan la misma oportunidad de exposición que otro tipo de películas.

En décadas pasadas surgieron grandes historias y cineastas que llegaron a colocar a los personajes queer en donde realmente deben estar: en un lugar protagónico. Desde Thomas Mann a John Waters y hasta el cine de Almodóvar. Una lista muy larga para mencionar todas las historias que vale la pena conocer.

Pero a este punto quiero llegar: nosotros debemos ser la voz de nuestras propias historias. Habrá unas más exitosas, más raras o más románticas. Pero lo que debemos mantener es que los personajes queer no sean utilizados meramente como un gag. Que no estén en el lado frío y plano de un estereotipo. Los estereotipos nacen de una simplificación, de una abstracción para que una generalidad los reutilice de la misma manera todo el tiempo. Pero son huecos y no pueden ser comprendidos como un personaje que sí tiene una tridimensionalidad, que sí tenga todo lo que una persona posee: vida propia.

Por eso es que hay conocer el cine y el cine queer. Porque a partir de ahí podremos disfrutar de una historia de amor, de desamor, de personajes complejos que nos den una visión distinta a la nuestra. Para entender otras realidades y mundos a los que somos ajenos pero que por cierto tiempo podemos ser testigos y cómplices muchas veces. Así que los invito a echarse un clavado en el pasado y alejarnos por ratos de las series de Netflix, a conocer todo un siglo de personajes que vale la pena conocer.

Sobre El Autor

Cinco tazas de espresso, cuatro películas al día, un par de horas leyendo. ¡Qué bonito es soñar! Hablemos de cine, de todo tipo de cine. Lleguemos juntos al fondo del pantano o al hoyo del conejo. Amo el cine, la literatura, la música, en ese orden.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.